martes, 8 de mayo de 2012

De un mayo a esta parte - Beatriz Ortega

Mucho ha llovido desde mayo del año anterior. Si uno hace memoria de todo lo que ha sucedido  desde entonces, es difícil que los ánimos no tiendan  a la inversa de la prima de riesgo de la que no paramos de oír hablar.  Hemos vivido deshaucios a familias animadas por bancos a meterse en hipotecas que no podían pagar, una reforma laboral ineficaz que lejos de propiciar contrataciones abarata el despido, recortes en la educación pública, subidas de las tasas universitarias,  la exclusión de la sanidad a los inmigrantes sin papeles, escándalos de corrupción en políticos y en la familia real, la exclusión de la Ley de Transparencia de ésta última, la financiación pública a los fans del papa, engaños en campañas electorales, la subida de la jubilación a los 67 años mientras el 50% de jóvenes está en paro. Hemos visto con nuestros propios ojos  una reforma de la constitución para limitar el gasto público poniendo en segundo plano el bienestar social para dar prioridad a entidades financieras endeudadas, la obediencia ciega a una Merkel en nombre de nuestra soberanía, la crítica a los pueblos (antes saqueados) por la gestión de sus recursos naturales, la debilitación de los mecanismos del trabajador en favor de una figura de arbitraje (al servicio de las empresas) por la Ley de Negociación Colectiva, los derroches por parte de las autonomías, la subida del IVA mientras se ha mantenido intacto el impuesto a grandes fortunas, la aparición del contrato de aprendiz, la subida del agua, de la luz y del transporte público, la imposición de medidas que castigan con 500 € a las personas que rebuscan en la basura, un juez condenado de prevariación mientras llevaba una de las tramas de corrupción más famosas del país, menores valencianos callados a porrazos "en nombre del orden", la reforma del Código Penal por la que la resistencia pacífica es un crimen,   ricos que cada día son más ricos, pobres que cada día lo son más. La vida privatizada, las personas al servicio de un sistema capitalista atroz que ha demostrado ser insostenible y necesitar un giro radical. Luchar contra los pobres y  no contra la pobreza, con el pretexto de que no les queda más remedio.
 

Ante este gris panorama, y a un año del nacimiento del 15-M me resulta inevitable preguntarme qué ha cambiado el movimiento en la sociedad. Quizás no se trate tanto de  medidas políticas concretas sino de la creación de mecanismos de encuentro. Quizás no seamos capaces de cambiar El Mundo, pero si nuestro mundo. Es por eso que antes de tratar de comprender el impacto y la trascendencia del 15-M, es también inevitable preguntarme qué ha cambiado en mi el movimiento. Uno de los recuerdos que guardo con más cariño, o que más significado tiene para mí, fue aquella familia de la mano compuesta por  padre, madre e hijos que subían la calle Arenal. Ella sonreía, llevaba un cartel que decía: "ensayamos diferentes formas de estar juntos". Me pareció una manera preciosa y sencilla de transmitir que lo que tenía que cambiar entonces no podría ser el mundo, sino nosotros mismos, y con ello era más que suficiente. Lo que me llevo de esos días en Sol, es precisamente eso: EL ENCUENTRO CON LOS DEMÁS. Me llevo lo que sería a partir de entonces para mi un constante ensayo de vida con los principios en los que creo: Amor, dignidad, respeto y justicia.

Yo no sabía cuando levantabamos ese toldo y lo uníamos a otro en qué desembocaría todo aquello que reclamábamos, ni qué podríamos o no conseguir, no lo sabía porque la trascendenciade los hechos para mi, como para muchos, no se limitaba a eso. Estabamos uniendo, además de toldos, ideas, ilusiones, sueños. Aquello fue una explosión de expresión. De pronto, todos los que allí estábamos nos planteabamos el necesario "y si...". Cada uno a su manera proyectaba su impresión, su contribución a esa ciudad llamada Sol. Imaginábamos otro mundo, más allá de medidas políticas. Y el simple hecho de imaginarlo y compartirlo con los demás, supuso un paso más hacia adelante, una ampliación de nuestros horizontes.


Quizás no supieramos realmente lo que queríamos, pero el mundo alcanza a ser dejando de ser lo que es. Y eso sí que lo sabíamos, sabíamos que queríamos un cambio, sabíamos que para que el mundo fuera algo, no podía ni puede seguir así. No queríamos más corrupción, ni más dualización social. No queríamos que el sistema al que pertenecemos se llevara por delante vidas y naturaleza. Y este fue el principio del movimiento, que alcanzó su máximo histórico en movilizados.

¿
Dónde esta toda aquella gente que ese viernes 20 de mayo contribuyó a que fuéramos esa escalofriante cantidad de personas? ¿ Dónde todos esos gritos mudos de la jornada de reflexión? ¿Éramos acaso solo uno más entre  una masa de personas movilizadas? ¿ Donde quedó cada uno de los trescientos, cuatrocientos o, qué se yo, quinientos mil "y sis" que llenaban Sol y las plazas de España? ¿estabamos llamados a ser meros expectadores de nuestro propio reclamo? Es indudable que el 15-M ha sufrido transformaciones desde que se inició, pues un movimiento que se mantuviera inalterable al tiempo sería otra cosa, pero no  un movimiento. Es entonces cuando se pasó del "no queremos" al "para no tener lo que no queremos, necesitamos hacer". Comenzaron así las asambleas, las propuestas, la organización: movilizaciones, acciones colectivas de concienciación, bancos de tiempo, grupos críticos, cooperativas... y junto con esto, se tomaron posiciones que despertaron diferentes reacciones en la sociedad, algunas de ellas, como la tendencia okupa, bastante controvertidas. Y es así como el 15 - M se fue definiendo, y es así también como, irremediablemente y por diversos motivos, muchos bajaron del barco. A algunos les preocupa este hecho que, lejos de indicar la muerte del movimiento, nos viene a decir lo contrario. Al andar se hace el camino, que decía Machado. No tenemos porqué estar de acuerdo con todas las iniciativas que se han llevado a cabo por parte del movimiento (de hecho esto podría connotar cierto borreguismo del que se pretende huir), pero esto no significa que el 15- M pierda su fuerza, al revés, pues es precisamente en el intrínseco tira y afloja de las relaciones surgidas a raíz de  la ruptura de la atomización social y de las acciones llevadas a cabo, donde está el mérito del movimiento.  

Nuestras debilidades son nuestras fortalezas, y nuestra división de ideas es lo que nos une. Hoy, un año después, además de indignados seremos ilusionados, y además de crisis, hablaremos de crítica, criterio y construcción; a pesar de todo lo expuesto al principio, y no precisamente por irresponsabilidad o inconsciencia. Trasladar la centralidad de los cambios políticos acontecidos hacia unautoanálisis personal, y sobre todo inter-personal. No se me entienda mal, no es que no me importen las vidas con las que se está jugando, sino que si quieremos ser coherentes con el cambio que queremos en el mundo deberemos empezar por nosotros mismos. Desplazarlos cimientos de un sistema podrido por amor, dignidad, respeto y justicia, con responsabilidad. El movimiento como ensayo de vida. 

Beatriz Ortega 


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