Ante este gris panorama, y a un año del nacimiento del 15-M me resulta inevitable preguntarme qué ha cambiado el movimiento en la sociedad. Quizás no se trate tanto de medidas políticas concretas sino de la creación de mecanismos de encuentro. Quizás no seamos capaces de cambiar El Mundo, pero si nuestro mundo. Es por eso que antes de tratar de comprender el impacto y la trascendencia del 15-M, es también inevitable preguntarme qué ha cambiado en mi el movimiento. Uno de los recuerdos que guardo con más cariño, o que más significado tiene para mí, fue aquella familia de la mano compuesta por padre, madre e hijos que subían la calle Arenal. Ella sonreía, llevaba un cartel que decía: "ensayamos diferentes formas de estar juntos". Me pareció una manera preciosa y sencilla de transmitir que lo que tenía que cambiar entonces no podría ser el mundo, sino nosotros mismos, y con ello era más que suficiente. Lo que me llevo de esos días en Sol, es precisamente eso: EL ENCUENTRO CON LOS DEMÁS. Me llevo lo que sería a partir de entonces para mi un constante ensayo de vida con los principios en los que creo: Amor, dignidad, respeto y justicia.
Yo no sabía cuando levantabamos ese toldo y lo uníamos a otro en qué desembocaría todo aquello que reclamábamos, ni qué podríamos o no conseguir, no lo sabía porque la trascendenciade los hechos para mi, como para muchos, no se limitaba a eso. Estabamos uniendo, además de toldos, ideas, ilusiones, sueños. Aquello fue una explosión de expresión. De pronto, todos los que allí estábamos nos planteabamos el necesario "y si...". Cada uno a su manera proyectaba su impresión, su contribución a esa ciudad llamada Sol. Imaginábamos otro mundo, más allá de medidas políticas. Y el simple hecho de imaginarlo y compartirlo con los demás, supuso un paso más hacia adelante, una ampliación de nuestros horizontes.
Quizás no supieramos realmente lo que queríamos, pero el mundo alcanza a ser dejando de ser lo que es. Y eso sí que lo sabíamos, sabíamos que queríamos un cambio, sabíamos que para que el mundo fuera algo, no podía ni puede seguir así. No queríamos más corrupción, ni más dualización social. No queríamos que el sistema al que pertenecemos se llevara por delante vidas y naturaleza. Y este fue el principio del movimiento, que alcanzó su máximo histórico en movilizados.
¿Dónde esta toda aquella gente que ese viernes 20 de mayo contribuyó a que fuéramos esa escalofriante cantidad de personas? ¿ Dónde todos esos gritos mudos de la jornada de reflexión? ¿Éramos acaso solo uno más entre una masa de personas movilizadas? ¿ Donde quedó cada uno de los trescientos, cuatrocientos o, qué se yo, quinientos mil "y sis" que llenaban Sol y las plazas de España? ¿estabamos llamados a ser meros expectadores de nuestro propio reclamo? Es indudable que el 15-M ha sufrido transformaciones desde que se inició, pues un movimiento que se mantuviera inalterable al tiempo sería otra cosa, pero no un movimiento. Es entonces cuando se pasó del "no queremos" al "para no tener lo que no queremos, necesitamos hacer". Comenzaron así las asambleas, las propuestas, la organización: movilizaciones, acciones colectivas de concienciación, bancos de tiempo, grupos críticos, cooperativas... y junto con esto, se tomaron posiciones que despertaron diferentes reacciones en la sociedad, algunas de ellas, como la tendencia okupa, bastante controvertidas. Y es así como el 15 - M se fue definiendo, y es así también como, irremediablemente y por diversos motivos, muchos bajaron del barco. A algunos les preocupa este hecho que, lejos de indicar la muerte del movimiento, nos viene a decir lo contrario. Al andar se hace el camino, que decía Machado. No tenemos porqué estar de acuerdo con todas las iniciativas que se han llevado a cabo por parte del movimiento (de hecho esto podría connotar cierto borreguismo del que se pretende huir), pero esto no significa que el 15- M pierda su fuerza, al revés, pues es precisamente en el intrínseco tira y afloja de las relaciones surgidas a raíz de la ruptura de la atomización social y de las acciones llevadas a cabo, donde está el mérito del movimiento.
Nuestras debilidades son nuestras fortalezas, y nuestra división de ideas es lo que nos une. Hoy, un año después, además de indignados seremos ilusionados, y además de crisis, hablaremos de crítica, criterio y construcción; a pesar de todo lo expuesto al principio, y no precisamente por irresponsabilidad o inconsciencia. Trasladar la centralidad de los cambios políticos acontecidos hacia unautoanálisis personal, y sobre todo inter-personal. No se me entienda mal, no es que no me importen las vidas con las que se está jugando, sino que si quieremos ser coherentes con el cambio que queremos en el mundo deberemos empezar por nosotros mismos. Desplazarlos cimientos de un sistema podrido por amor, dignidad, respeto y justicia, con responsabilidad. El movimiento como ensayo de vida.
Beatriz Ortega
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