(...) Los Gobiernos, por absolutísima que sea la
mayoría que posean, nunca son el Estado, sino quienes lo tienen en
préstamo (no en propiedad) y lo representan durante un periodo. Y hay
elementos del Estado que no pueden cambiarse legítimamente, aunque quizá
sí legalmente. Tal vez un Gobierno estaría facultado para vender al
extranjero el Museo del Prado, pero sería inaceptable que lo hiciera.
Del mismo o parecido modo, no puede privatizar ni desmantelar lo que el
conjunto de la ciudadanía considera irrenunciable: la sanidad, la
educación y el transporte públicos, por ejemplo. Cada individuo cede
parte de su soberanía y de su dinero en beneficio del todo, a condición
de que ese todo, el Estado (más allá de cualquier Gobierno
transitorio), me proteja y reconozca mis derechos. Si un Gobierno
determinado me los recorta y me desprotege y me priva, y adelgaza,
debilita o vacía de contenido el Estado, está actuando al margen de éste
y rompiendo el contrato o pacto social que nos une y vincula a todos.
“No hay otra posibilidad”, se defienden Rajoy y los suyos, y con ese
cómodo argumento -no es ni argumento- fomentan el despido y envían al
paro a más personas, dejan a los llamados “dependientes” sin ayuda,
encarecen, deterioran y limitan la educación, imponen el copago
farmacéutico y sanitario, torpedean el consumo y condenan al cierre a
numerosos comercios, y así hacen saltar por los aires aquello por lo que
todos estamos dispuestos a ceder parte de nuestra soberanía y de
nuestro dinero, en pro del conjunto. Sí hay otra posibilidad, Rajoy elige siempre
dónde recorta y dónde no, ya lo creo. Hay cosas que el individuo por sí
solo no puede procurarse, pero sí el individuo formando parte del
Estado. Si un Gobierno toma medidas, viernes tras viernes, que atentan
contra la idea de Estado tal como la hemos aceptado o sobreentendido; si
aplica una política de “sálvese sólo quien pueda, y el que no, que
hubiera ganado más dinero antes”, entonces está quebrando el pacto
esencial y se deslegitima a sí mismo, por muchos votos engañados que
cosechara, en unas elecciones tuertas.
JAVIER MARÍAS
El País Semanal, 3 de junio de 2012