martes, 12 de junio de 2012

Así que cada viernes peor

(...) Los Gobiernos, por absolutísima que sea la mayoría que posean, nunca son el Estado, sino quienes lo tie­nen en préstamo (no en propiedad) y lo representan durante un periodo. Y hay elementos del Estado que no pueden cambiarse legítimamente, aunque quizá sí legalmente. Tal vez un Gobierno estaría facultado para vender al extranjero el Museo del Prado, pero sería inaceptable que lo hiciera. Del mismo o parecido modo, no puede privatizar ni desmante­lar lo que el conjunto de la ciudadanía considera irrenunciable: la sanidad, la educación y el transporte públicos, por ejemplo. Cada individuo cede parte de su soberanía y de su dinero en beneficio del todo, a condición de que ese todo, el Esta­do (más allá de cualquier Gobierno transitorio), me proteja y reconozca mis dere­chos. Si un Gobierno determinado me los recorta y me desprotege y me priva, y adelgaza, debilita o vacía de contenido el Estado, está actuando al margen de éste y rompiendo el contrato o pacto social que nos une y vincula a todos. “No hay otra posibi­lidad”, se defienden Rajoy y los suyos, y con ese cómodo argu­mento -no es ni argumento- fomentan el despido y envían al paro a más personas, dejan a los llamados “dependientes” sin ayuda, encarecen, deterioran y limitan la educación, imponen el copago farmacéutico y sanitario, torpedean el consumo y conde­nan al cierre a numerosos comercios, y así hacen saltar por los aires aquello por lo que todos estamos dispuestos a ceder parte de nuestra soberanía y de nuestro dinero, en pro del conjunto. Sí hay otra posibilidad, Rajoy elige siempre dónde recorta y dónde no, ya lo creo. Hay cosas que el individuo por sí solo no puede procurarse, pero sí el individuo formando parte del Estado. Si un Gobierno toma medidas, viernes tras viernes, que atentan contra la idea de Estado tal como la hemos aceptado o sobreentendido; si aplica una política de “sálvese sólo quien pueda, y  el que no, que hubiera ganado más dinero antes”, entonces está quebran­do el pacto esencial y se deslegitima a sí mismo, por muchos vo­tos engañados que cosechara, en unas elecciones tuertas.


JAVIER MARÍAS
El País Semanal, 3 de junio de 2012

No hay comentarios:

Publicar un comentario