miércoles, 15 de febrero de 2012

De Fernando Aramburu

También eres dolor, lo sabes.
Lentamente alguna caducidad
vierte su ácido en el rostro.
Los días raen la ilusión y un muro
negro te aleja de las gentes.
Así comprendes que al amar
piadosa compañía es lo que anhelas,
buscas testigo de las lágrimas,
alguien que ayude a levantar tu roca.
Residuo de tu vida reluciente,
verás la juventud sin disimulo
retirarse como arena entre dedos.
Pero no eres tristeza,
porque no hay culpa en ti por esta infamia.

Fernando Aramburu


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