Está claro. Podemos seguir quejándonos de que el mundo está del revés, pero esto no servirá de mucho si seguimos viviendo igual. Mientras no actuemos consecuentes con el mundo que queremos conseguir, no podremos avanzar hacia él.
Nunca me gustó el dicho de "yo lo haría, ¡pero de qué sirve que yo lo haga si nadie lo hace!". Sigo preguntándome por qué he de mirar al otro para construir mi mundo.... En la medida en que uno asume la capacidad constructiva que su vida tiene para él y para su alrededor, ha ganado. Estar convencido de esto, conlleva a ser responsable con la vida en la que creo. Pero esta responsabilidad, no puede ser nunca vista como algo amenzante o normativo, sino como la manera en la que escogemos vivir consecuentemente a lo que aspiramos que tenga el mundo. Si rompemos esta dicotomía entre lo que hacemos en nuestro mundo y lo que queremos conseguir que sea el mundo, conseguiremos vivir mejor. Vendría a ser algo así como querer cambiar mi mundo para cambiar el mundo. Que el mundo no me cambie a mi.
Casi seguramente (por eso de no decir palabras como "seguro", "nunca", o "siempre"), que si vivo conforme al mundo en el que creo, no cambie el mundo, pero esto ya no importa, porque al menos he vivido mi vida en ese mundo que quería para el resto. Esa es la satisfacción que me llevo, creer en el mundo en el que vivo. Creer en el mundo que construyo.
Creo en la capacidad de cambio a través de la fuerza del contagio de la cooperación entre las personas. Creo en la capacidad constructiva, reconozco la existencia de la capacidad destructiva, pero no creo en ella. Creo en el poder de una sonrisa, en la perseverancia, en la autosuperación. Creo en el "nosotros", y creo en él, porque además creo en el "yo".
Nuestra arma es saber que el mundo es transformable. Nuestra arma es sustituir aquellos pilares sobre los que están ciertas cosas que no nos gustan. Construir, en vez de limitarnos a quejarnos de lo que ahora existe. Encontrarse a sí mismo entre todo aquello que está aún por hacer. Y nunca rendirse, para no acabar derrotado.
Como decía, reconozco la capacidad destructiva de las personas, y ésta a veces nos llega a mermar de tal modo que acabamos adaptándonos a un mundo en el que no creemos: Uno quiere cambiar el mundo y finalmente el mundo le cambia a él. Pero nadie dijo que fuera a ser fácil.
Romper la separación entre lo que hacemos en nuestro mundo y lo que queremos conseguir que sea el mundo, significa romper con la atomización de la persona frente a la sociedad. La atomización se produce cuando no hay mecanismos de participación entre las personas y entre el Estado y las personas, y por tanto cada persona no se considera en función de las demás, sino que es reducida a una pieza desarticulada. De este modo, la iniciativa y la participación y responsabilidad del individuo quedan anuladas, y la capacidad de manipulación y control sobre nosotros es mayor.
Así, nuestras acciones quedan desconectadas entre sí, dejamos de vivir nuestras vidas en relación a un todo que le de sentido de co-acción, pues realmente acabamos viviendo en relación a un todo que lejos de darle sentido, se lo quita. La organización social se sustenta entonces en base a individuos (consumidores/ productores...), y no a grupos. Si queremos salir de esta falsa comodidad, la cuestión es: qué hago y qué más puedo hacer para contribuir a la sociedad en la que creo. No se trata, pues, de dejar de ser uno mismo, sino de que lo que uno mismo es, comience a formar parte de un nosotros, el cual a su vez, comienza a ser parte de uno mismo.
No todo está perdido, pues son precisamente los momentos más críticos la mejor herramienta para arrancar hacia mejores etapas. El fin es un buen comienzo ya que la capacidad de construir nace de la necesidad. Toda carencia de algo puede implicar la potencia de ese algo. Como decía Einstein "La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. (...) Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar ‘superado."
El mundo es mucho más que la suma de cada uno de nosotros por separado. Aún más, nosotros no existimos por separado ¿por qué hemos olvidado esto? Confiemos en nuestra capacidad creativa y de acción colectiva, sustituyamos aquello que no nos guste. Uno mismo puede ser testigo de su propia liberación. Hace falta gente que ame lo que hace. Creemos. Busquemos medios para alcanzar el mundo que queremos de forma autosuficiente.
Un mundo nuevo comienza hoy. Es el tuyo.
- Beatriz Ortega -
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