Nos conformamos por no arriesgarnos. A veces hasta se nos olvida que el día que dejamos atrás nunca jamás va a volver. Comenzamos la jornada sin tomarnos el tiempo de plantearnos qué queremos cambiar en nuestras vidas. Nos cuesta asumir el compromiso y el precio de seguir nuestros sueños. Imponemos corazas ante ellos por miedo a perder la comodidad en que vivimos. Nos escondemos en un falso orgullo que (a veces) conseguimos desmoronar. Llevamos a cabo rutinas que no entendemos. No nos levantamos por miedo a volver a caernos, y acudimos más a las rebajas de enero que a las concentraciones por la defensa de nuestros derechos más básicos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario