domingo, 27 de noviembre de 2011

Y yo poniéndome normas en primavera

Se trata de vivir la vida como venga. Apostar por ella.

Exprimir cada instante como si tras él no fuera a haber otro.

Detenernos en las miradas de los demás para ser cómplices en esto de soñar. Asumir el precio.

Sonreir ante lo aparentemente insignificante sin que tenga que significar nada más.

Volar, aunque solo puedas construirte un primer piso desde donde poder hacerlo.

Mirar hacia arriba más a menudo. Explicitar más los sentimientos.

Estimular más los sentidos. No juzgarse por no saber que hacer.

Dejar estar las cosas. Ser paciente. Saber perder.

No imaginar tu vida. No preocuparse por el futuro, ocuparse del presente.

No remover el pasado, dejarlo fluir, aclararlo si es necesario.

Los problemas que realmente tienen importancia son esos

que nos sorprenden un jueves al medio día,

de esos que nunca han pasado por nuestra mente.

Dedicarse tiempo a uno mismo, da igual lo que hagamos.

Conversar hacia dentro. Cantar, chillar, saltar, bailar,

apretar los ojos fuerte y respirar, relajarse.

Descubrirse a uno mismo. Reirse de uno mismo.

Dedicar tiempo a los amigos. Son lo único que podemos escoger en la vida.

Unos vienen y van. Otros sin embargo debemos tratar de conservarlos.

Dedicar tiempo a la familia. Son nuestro vínculo más arraigado.

Ser incondicional a esos principios que no viene al caso explicar.

No invertir tiempo y energía en sentimientos negativos.

Aceptar algunas realidades inexplicables pero irremediables.

Apuntar bien alto. Con la pura bandera de uno mismo.

Con menos palabras (o no), pero con más hechos.

No correr tanto. Permitirse pasear sin rumbo.

Detenerse a observar las cosas con los cinco sentidos

para poder guardarlas en la memoria.

Recordar a las personas que pasaron por nuestra vida,

aunque a veces duela aflorar estos recuerdos.

Olvidar aquellas veces que sentiste miedo.

Crecer, aprender de los errores. De las vidas que te rodean.

Todos tienen algo que mostrarte, es su mundo.

Estamos vivos al fin y al cabo. Lloramos, pasamos frío

y sentimos la soledad, pero también nos reimos,

se nos acelera el corazón con según que cosas

y nos sentimos más alegres cuando luce el sol.

Vivir sólo cuesta vida.

- Bea Ortega -

No hay comentarios:

Publicar un comentario